La temperatura de bulbo combina calor, humedad, radiación solar y viento para calcular el estrés térmico real sobre el cuerpo. Una temperatura del aire de 40 grados con un 30% de humedad, por ejemplo, equivale a unos 26 grados WBGT, el umbral a partir del cual el rendimiento se resiente, advierte World Weather Attribution.
Señala que los estadios al aire libre de Miami, Kansas City y Filadelfia tienen una alta probabilidad de alcanzar niveles peligrosos y que sedes tradicionalmente más frescas como Toronto y Vancouver, Canadá, pueden sufrir olas de calor extremo.
Mientras los jugadores cuentan con equipos médicos, pausas para hidratarse y chalecos de hielo, los aficionados quedan a menudo desprotegidos. De las 16 sedes del Mundial, solo tres disponen de aire acondicionado, pero incluso cuando el estadio está refrigerado, el peligro no desaparece: las zonas de aficionados, las colas de acceso, los aparcamientos, las rutas de transporte y las celebraciones al aire libre pueden exponer a las personas a un calor peligroso durante horas —mucho más tiempo del que los jugadores pasan sobre el césped.
El calor extremo afecta al rendimiento y la táctica,los jugadores presionan menos, esprintan menos, se recuperan más lentamente y gestionan su energía de forma diferente.