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“Grita: ¡Devastación!Y suelta a los perros de la guerra”.Julio César, Acto 3, Escena 1,línea 273.- William Shakespeare.

Todo empezó con 29 agentes que llegaron en 1997 a ayudar a Hugo Chávez. Ahora miles de cubanos trabajan y controlan la Administración pública venezolana, dice un reportaje de Cristina Marcano, difundido en El País de España.

Cuando el doctor Janoi González aterrizó en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, de Venezuela se sintió como si no hubiera salido de Cuba. "No había un solo venezolano, la estructura estaba dirigida por cubanos", afirma refiriéndose a una parte de la zona bajo control militar conocida como Rampa 4, de exclusivo uso oficial. El experto en radiodiagnóstico, natural de Pinar del Río, entró al país un mediodía de diciembre de 2012 sin que sus documentos fueran revisados por autoridad venezolana alguna. "No hay chequeo de migración. Unos funcionarios cubanos te dan unas palabras de bienvenida, vivas a Chávez y a la revolución, y te ponen un cuño [sello] en el pasaporte". Ese sello dice: "Válido solo Cuba Venezuela".

Janoi González es uno de los miles de cooperantes enviados por La Habana a Venezuela y, como muchos de ellos, se vio sometido a unas pésimas condiciones de trabajo y a una vigilancia aún más estrecha que la que normalmente sufre en su país natal. "Se cobraba una basura: 1.200 bolívares [entonces 200 euros según el cambio oficial y 50 en el mercado negro]". Carecía de libertad de movimientos y vivía hacinado. Al principio tuvo que compartir con seis personas una habitación de 20 metros cuadrados en un motel de Guanare, la capital agrícola de Venezuela. Luego, en la cercana Acarigua, eran “17 en cinco habitaciones, con un solo baño”, detalla por teléfono desde Estados Unidos, adonde escapó en 2013.

Los cubanos manejan los registros. Conocen qué propiedades tienen los venezolanos y sus transacciones

Si se observa detenidamente el mapa de América, Cuba luce como una pequeña lengua, un jirón de tierra que pareciera flotar a la deriva. Nada más lejos de la realidad. Anclada en una vieja dictadura comunista, la isla ha tenido claro dónde encontrar dólares para mantenerse a flote. En los últimos 15 años, esa lengua de 108.000 kilómetros cuadrados, con una de las economías más atrasadas, ha logrado saciar su apetito en Venezuela, un país nueve veces más grande, tres veces más poblado y con enormes recursos; entre ellos, las mayores reservas de crudo del mundo.

La Habana recibe diariamente de Caracas más de 100.000 barriles de petróleo en condiciones preferentes, que paga con trabajadores de la salud. Además, obtiene inversiones directas, créditos blandos, subsidios y millonarios contratos como intermediario de importaciones venezolanas de alimentos, bienes y equipos a terceros países.


No es todo. En este caso, la lógica de la historia según la cual los países más poderosos suelen influenciar políticamente a sus vecinos más pobres se ha ahogado en el Caribe. Aparte de una ayuda estimada en 8.700 millones de euros anuales, Cuba tiene un poder sin precedentes sobre el Gobierno de la mayor potencia petrolera de Sudamérica. Y otra excepción. No ha sido impuesto. Los cubanos no han tenido que disparar un tiro. Desde finales de los noventa comenzaron a cruzar los 1.450 kilómetros que los separan de Venezuela por invitación del presidente Hugo Chávez, quien puso su seguridad, su salud y mucho más en manos de sus camaradas antillanos.

Miles de cubanos trabajan hoy en la Administración pública venezolana. En la presidencia, ministerios y empresas estatales. Como burócratas, médicos, enfermeras, odontólogos, científicos, maestros, informáticos, analistas, técnicos agrícolas, de electricidad, obreros y cooperantes culturales. También en seguridad, inteligencia e, incluso, en las Fuerzas Armadas.

La mayoría son además milicianos. "Tenemos en Venezuela más de 30.000 cederristas cubanos de los 8,6 millones de miembros que tiene nuestra organización", reveló en 2007 Juan José Rabilero, entonces jefe de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) cubanos, en un acto público en el Estado de Táchira, al oeste de Venezuela. Nada hace pensar que esa cifra haya disminuido. Aproximadamente el 70% de la población cubana forma parte de ese sistema de vigilancia y delación.

Los cubanos manejan el sistema de identificación de los venezolanos, sus cédulas de identidad y pasaportes; sus registros mercantiles y notarías públicas. Saben qué propiedades tienen y qué transacciones hacen. También codirigen sus puertos y tienen presencia en aeropuertos y puntos de control migratorio, donde actúan a sus anchas. La firma cubana Albet, SA, de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), que maneja los sistemas del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), tiene tanto poder que no permite el acceso de venezolanos al último piso de la sede central del servicio en Caracas. También son cubanos los sistemas informáticos de la presidencia, ministerios, programas sociales, servicios policiales y de la petrolera estatal, PDVSA, mediante la empresa mixta Guardián del Alba.

Según las últimas cifras oficiales, en 2012 había 44.804 cooperantes. El general retirado Rivera cree que son 100.000

La venta de estos servicios, de discutible calidad y cuyas web son de estética castrista, es obra de Ramiro Valdés, segundo vicepresidente del Consejo de Estado cubano, considerado el hombre más cercano a Caracas, después de Fidel y Raúl Castro, y su principal asesor en tácticas de represión política, según algunas fuentes.

Aunque los cubanos suelen relacionarse solo lo estrictamente necesario con la población local debido a que el reglamento disciplinario sanciona las "relaciones desmedidas con nacionales", su presencia se siente. "Se produce la paradoja de que los cubanos dependen económicamente de nosotros y sin embargo tienen una influencia política sobre nosotros muy fuerte", destaca la historiadora Margarita López Maya, quien simpatizó con el proyecto chavista en sus primeros años y se apartó criticando su deriva autoritaria.

Los cubanos saben casi todo de los venezolanos, pero estos desconocen en realidad cuántos cubanos trabajan en el país, cuánto cobran por sus servicios y los términos de los acuerdos de importación de sus servicios, mantenidos por el Gobierno venezolano en secreto.

Según las últimas cifras oficiales, de mediados de 2012, en Venezuela había un total de 44.804 cooperantes en las llamadas misiones sociales: 31.700 en salud (11.000 médicos, 4.931 enfermeros, 2.713 odontólogos, 1.245 optometristas y 11.544 no especificados), 6.225 en deporte, 1.905 en cultura, 735 en actividades agrícolas, 486 en educativas y 54 en atención a discapacitados. Sin embargo, se presume que podrían duplicar esa cantidad. No hay datos oficiales sobre los que trabajan en el sector eléctrico, de la construcción, en informática, en asesoría de seguridad al Gobierno y en otras áreas.

El general retirado Antonio Rivero, excolaborador de Chávez, asegura que actualmente en el país hay más de 100.000 cubanos, entre ellos 3.700 funcionarios de su servicio de inteligencia, el G2. "Nada más en seguridad y defensa, estimamos que puede haber unas 5.600 personas". Y afirma que hay cubanos en las bases militares más importantes del país. "En la Fuerza Armada hay unos 500 militares activos cubanos que cumplen funciones de asesoría en áreas estratégicas: inteligencia, armamento, comunicaciones e ingeniería militar. También en el área operativa y en el despacho del ministro de la Defensa, que cuenta con un asesor cubano

Venezuela es el principal socio comercial de la isla, muy por encima de China, Canadá y España. "La economía cubana creció a costa de la venezolana durante la crisis financiera global. Cuba recibe créditos de Venezuela a tasas del 1% cuando, en promedio, Venezuela se endeuda con el resto del mundo a una tasa del 12% anual. Estamos hablando de una economía que obtiene en apoyos un total de unos 8.700 millones de euros al año, 726 millones de euros al mes", señala el economista venezolano Ángel García Banchs.

Nada más en materia petrolera, agrega, "el subsidio está por el orden de los 3.600 millones de euros anuales, a razón de más de 100.000 barriles diarios".

Se trata de un viejo sueño acariciado por Fidel Castro desde los años sesenta, cuando dio entrenamiento, dinero y hombres a la guerrilla venezolana. Ahora, como antes con la Unión Soviética, Cuba encontró en el único petroestado de Latinoamérica su gallina de los huevos de oro.

A cambio, se desconocen los beneficios económicos que Venezuela obtiene de su alianza con la isla, que paga la factura petrolera con servicios profesionales y técnicos sobrevalorados. Cuba exporta a sus trabajadores a un precio muy superior de lo que les paga, en una exitosa modalidad de explotación laboral y penetración ideológica.

En 2010, Venezuela pagó unos 3.950 millones de euros en servicios profesionales, de acuerdo con un informe del economista cubano Carmelo Mesa-Lago, profesor de la Universidad de Pittsburgh, "un promedio de casi 100.000 euros anuales por profesional, 27 veces el salario promedio de un médico venezolano". Es decir, 8.225 euros mensuales por cooperante.

En 2011, Venezuela pagó aún más: 9.745 euros mensuales por cada cooperante de salud, según se desprende del Acuerdo de Compensación de Deudas suscrito entre la petrolera estatal PDVSA y el Banco Nacional de Cuba. El documento precisó que la factura de la Misión Médica Cubana por los servicios prestados en el último trimestre de ese año sumó más de 925 millones de euros. Pero solo una ínfima parte llega a los bolsillos de los trabajadores enviados por el Gobierno cubano. Según Solidaridad Sin Fronteras, ONG de Miami que en el último año y medio ha asistido a más de 3.000 cooperantes que han huido de este país sudamericano, cada médico recibe alrededor de 180 euros mensuales.

Cuba recibe por cada cooperante que envía más de 8.000 euros al mes. Al trabajador solo le llegan unos 200

"Los médicos cubanos son enviados por el régimen de La Habana a otros países en carácter de esclavitud moderna, son sometidos a muchas horas de trabajo y la paga es prácticamente mísera mientras que la dictadura cubana recibe miles de dólares por cada profesional”, asegura Julio César Alfonso, de la ONG Solidaridad sin fronteras.

La Habana también vende educación. Según datos oficiales, han formado 14.000 médicos venezolanos y actualmente forman a 19.000 más. Aunque se trata de una relación económicamente desigual, el Gobierno venezolano se comporta como si estuviera en deuda con Cuba. En palabras de Janoi González, "quien paga manda, excepto en Venezuela". Pero el chavismo nunca ha tenido expectativas de obtener beneficios comerciales, sino políticos. Y en ese terreno, hasta ahora los Castro han servido a sus propósitos de mantener un poder hegemónico y bloquear a la oposición.

El propio Chávez admitió en una ocasión que si no hubiera sido por Fidel y su idea de lanzar las primeras misiones sociales, que reflotaron su popularidad, hubiera perdido el plebiscito de 2004 que le mantuvo en el poder.

La historiadora López Maya advierte la insólita situación de dependencia. "Sin la ayuda de los Gobiernos venezolanos, posiblemente ya hubiera colapsado la economía cubana, y sin embargo existe una situación de subordinación a políticas cubanas por la experticia que tienen en el socialismo, por la admiración que le profesan y por la desconfianza de este Gobierno a sus profesionales y a sus cuadros preparados para el ejercicio del poder". Ningún otro país había tenido tanto poder en Venezuela desde la época de la colonia. Ni siquiera Estados Unidos, en su momento de mayor injerencia en la región, llegó a tanto a pesar de que tuvo una oficina militar dentro de Fuerte Tiuna hasta 2002.

López Maya recuerda la influencia de las transnacionales petroleras en las primeras décadas del siglo XX y la del sector militar norteamericano en todos los ejércitos de América Latina, incluyendo el de Venezuela, durante la guerra fría. Pero entonces, dice, “había una subordinación económica y ahora con Cuba hay una subordinación en términos del socialismo”.

Por el momento, la dependencia está garantizada. El presidente Nicolás Maduro, fiel admirador de los Castro desde su paso por la Escuela de Formación Política de La Habana a mediados de los ochenta, parece necesitarlos aún más que Chávez para asegurarse el control político de los suyos y de toda la sociedad venezolana. A cualquier precio.

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