El mundo entero sigue muy de cerca las acciones anunciadas por el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, para detener y combatir las secuelas del derrame de petróleo en el Golfo de México.
El mandatario norteamericano calificó a este desastre como una epidemia, cuyas consecuencias durarán meses y años, las que habrá que paliar mediante el fomento de las energías limpias.
El derrame de petróleo en el Golfo de México está considerado como el mayor desastre ambiental de la época, con consecuencias desastrosas para el ecosistema de esa región y del mundo. Según datos oficiales, el vertido diario de petróleo se calcula entre 35 000 y 60 000 barriles diarios.
La administración Obama cuenta ya con 30 mil funcionarios trabajando sobre el terreno, miles de barcos tratando de limpiar y detener la expansión del crudo derramado y autorizó el despliegue de 17 mil soldados de la Guardia Nacional para hacer frente al desastre.
Desde el Despacho Oval, el presidente de los Estados Unidos anunció las medidas que se adoptarán para compensar a los perjudicados y para evitar que en el futuro se vuelva a repetir un desastre de tal magnitud.
Responsabilizó directamente a la British Petroleum como la causante directa de esta tragedia y advirtió que tendrá que pagar la totalidad de los costos del derrame y daños ecológicos. Para tal propósito exige que establezca un fondo de compensación para los individuos y negocios perjudicados por el derrame, que será administrado de manera independiente.
El plan estará diseñado por los estados, comunidades locales y residentes del Golfo y a su cargo estará el secretario de la Marina, Ray Mabus, ex gobernador de Misisipi, uno de los estados más afectados por el vertido.
Para evitar que se repita un incidente de esta magnitud, el mandatario dispuso una moratoria de seis meses para nuevas perforaciones en aguas profundas y la creación de una comisión nacional que recomiende medidas adicionales de seguridad. Además, encargó al ex fiscal Michael Bromwich la integración de un organismo que actúe como supervisor de la industria petrolera, no como su “amiguete".
El presidente aprovechó también para renovar su llamamiento en favor de una nueva ley de energía que fomente la inversión en nuevas tecnologías y fuentes alternativas.





