El juego limpio de la democracia exige una activa participación popular y la presencia de una oposición responsable y eficiente que coadyuve al equilibrio del poder.
La oposición, que parecía aniquilada, desorganizada y sin líderes al inicio del actual gobierno, empieza a articularse. Supera la intimidación con la que se pretendió silenciarla y hace presencia en varias ciudades del país para frenar los abusos y equivocaciones del poder.
La protesta de indígenas, maestros, jubilados, ecologistas y de otros grupos sociales precedió a la impresionante movilización de Guayaquil liderada por el alcalde Nebot y a la masiva concentración en Quito convocada por Carlos Vera. ¡Que se quede en Cuba! ¡Fuera Correa! se escuchó entonces de la multitud y esa es ya la expresión del descontento popular.
Una oposición que despierta y protesta es un fuerte llamado de atención a un gobierno obligado a rectificar, a respetar la opinión ajena, a una Asamblea Constituyente que elude la tarea fiscalizadora, a las declaraciones de su líder que amenaza con enjuiciar a una ministra que atienda sus responsabilidades y soslaya interpelaciones a funcionarios acusados de graves irregularidades.
Un duro llamado de atención para que el gobierno fortalezca la seguridad ciudadana y el combate a grupos terroristas y delincuenciales que son una grave amenaza para la ciudadanía y para la imagen del Ecuador, ubicado ya como un país de riesgo
Un fuerte llamado de atención para que se respete a la prensa libre, para que se revierta la concentración de medios oficiales, porque no habrá mayor esclavitud y peor deterioro social que una prensa silenciada y sometida al poder
Protestas que exigen también la reactivación del sector productivo y la generación de empleo, porque como decía Nelson Mandela “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento”.





