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EL PANICO A LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN EL ECUADOR

Post 21 Marzo 2017 By Fernando Borja Gallegos In Editoriales

En mi artículo cuyo título es “Ha llegado la hora de que cesen la desunión y la discordia”, publicado el 14 de noviembre del 2016, afirmé que “hoy, la República del Ecuador, enfrenta muchos desafíos, su dirigencia política abandonó el principio de que es mejor sucumbir que pactar, todas son mascaradas y disfraces que ocultan el verdadero rostro de los propugnadores de aparentes cambios, por ende, el pueblo debe rememorar la mentada instrucción de Lyon y actuar en concordancia. La libertad o la muerte, podéis elegir”.

Concordante con lo expuesto, en mi artículo “Entre las mascaradas y los disfraces”, relativo a la primera vuelta electoral, sostuve “…los candidatos ponen todo el coraje y la pasión a los discursos que pronuncian. Buscan cuidadosamente impactar a sus seguidores con un estilo diferente, prometen dar solución a todos los problemas, sean estos políticos, económicos y sociales” “…la fiesta de máscaras y disfraces se convierte en una gran ocasión para captar adeptos. Sin embargo, algunos advierten que todos los discursos de los aspirantes a cargos de elección popular son iguales, tratan de complacer a sus partidarios, abordan superficialmente los problemas que aquejan a la mayoría, sin nada de fondo, vacíos, huecos e intrascendentes. En medio de ese laberinto, aparece la clara visión de la máscara que cubre aquel rostro que oculta su verdadera cara. Exterioriza sentimientos de solidaridad, de bondad infinita, de reivindicaciones sociales, de respeto a sus semejantes. Pero es tarde, la máscara cae milagrosamente y el impostor es descubierto…el disfraz ya no oculta su personalidad…todo termina, la fiesta concluye, el pueblo desengañado medita”.

El pueblo ecuatoriano tiene la capacidad, la capacidad natural de comprender y juzgar los acontecimientos acaecidos en el pasado. Posee un gran sentido común que le permite advertir la verdadera personalidad de quienes aspiran a contar con su apoyo.

Sostuvo Napoleón Bonaparte que “para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común”. Pero en el Ecuador el llamado político tradicional subestima al pueblo, exagera el adulo, no plantea atractivos, inventa espejismos.

El político tradicional no entiende que la mayor fortaleza consiste en la integridad, su ejemplo de prudencia, de bondad y sinceridad, y su hábito de la moral en la vida cotidiana es lo único que apasiona a las multitudes. Decir la verdad a pesar de poner fin a muchas ilusiones.

Cuando el pueblo descubre que el aspirante a tener el favor popular en su pasado despilfarró los dineros públicos y se enriqueció al margen de la ley, el pueblo lo desprecia, le niega su apoyo. La confianza muere para siempre cuando la mentira y el engaño han sido la norma de la conducta pública y privada.

Los repulsivos pactos el pueblo los desprecia. El mañana es tenso, el pánico agobia a muchos y el intuitivo pueblo resolverá sobre su porvenir el 2 de abril del presente año.

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